domingo, 14 de octubre de 2007

DESPRIMAVERADA

Bien, acá estoy, intentando definir el sitio que me rodea. Ok, lo acepto, el clima me distrae y me veo tentada a ocupar mis palabras con esta desorientación climática que me mantiene (“nos”, La Voz merodea por aquí aunque no estoy segura de que sea muy consiente de lo que ocurre), decía, esta desorganización meteorológica que mantiene a la que suscribe y a su copiloto emponchados hasta la nariz en pleno Octubre al Sur del Planeta. ¡Vale, ok! Lo de “hasta la nariz” es un poco exagerado pero andar con sweter liviano más saco en lugar de una remera sin mangas bien amerita el exabrupto.

Patear las calles con una lluvia tozuda lamiéndote los ojos puede ser encantador, pero 15 días intercalados entre breves momentos de sol comienza a parecerse demasiado al guión paranoide de un film futurista con androides deprimidos y guerrilleros de alcantarilla. Eso sin contar que uno bien puede tener la mala idea de hacer caso a cierto tonto murmullo de corrección que va haciendo eco en el interior de nuestra ya diluviada mente, y cometer el fatal error de tomar un paraguas y ¡USARLO! ¿Es posible que exista una estafa mejor concebida? El maldito objeto se supone que sirve precisamente para eso para ¡PARAR AGUAS! Pero no, el muy desgraciado a lo más que llega es a engancharse en le pelo de la desdichada que lo porta (a la sazón, yo), intentar perforarle el ojo a una anciana que avanza descuidada en la dirección opuesta, darse vuelta como si su interior fuera realmente interesante, trabarse a mitad de camino de estar por completo abierto, agujerearse, inclinarse, tapar la visión, fastidiar, fastidiar, fastidiar, ¡FASTIDIAR!

Conclusión: A La Hija del Capitán, que tanto ama la lluvia, estas semanas proféticas han logrado provocarle un tic nervioso cada vez que una gota inoportuna se derrama desde las alturas.

¿Y La Voz? Bien, gracias; ha sacado todas las macetas que enselvatizaban el ventanal de su cabina a la vereda del aparcadero y ahora nuestra nave se asemeja a una versión mal diagramada de la famosa arca. Contabilicen: Una iguana vegetariana; una rata con aires de murciélago; un gato con panik atak, otro temerario y estúpido, una gata neurótica; Merlinus Urano de los Balcanes, MUB, el perro de tres patas; 15 macetas con una variedad improbable de helechos (¿Por qué los helechos tendrán esa manía por el crecimiento tan incontrolable?) y un sin número de cactus, cardos y otras plantas que no sé identificar (corrijo: son más de 15 pero acá no hay ni un integrante del reino vegetal que no tenga espinas así que no me atrevo a hacer un estudio de campo para obtener el dato exacto. ¿quién afirmó que las plantas son inofensivas?)

Acá estoy, entre tanto desorden biológico-ambiental comienzo a sentirme inestable, paranoide, agitada, poco dada a la naturaleza, y ando rebotando contra las paredes de chapa de nuestra mal ajustada nave.

Por fortuna (para el resto de los mortales), La Voz transfiere uno de los audífonos de su MP3 a mi oído y me duermo con el arrullo de La Diosa de la Isla Esmeralda.

(Voy a soñar con vos.)

LHDC

PD (para La Chica de Los 70´S): ¡YA TE EXTRAÑO PIBITA!

4 Arribos desde el último alunizaje:

ojos dijo...

Queridísima HDC, siempre tienes respuestas a las preguntas que me interhago, ¿así que mi desorden emocional se debía nada más y nada menos que al desorden ambiental? Es probable, muy probable, puesto que hoy me abrigué y desabrigué como 20 veces en el día, creo que 21 para ser más exacto. También puede ser, a parte de muchas cosas, que también ando extrañando a aquella de los 70 de la que hablas por ahí...

Gracias por responder lo que no sabes que me pregunte.
Gracias por escribir lo que anhelo.

La Hija del Capitán dijo...

Ehy, my darling Ojos! Tante grazzie!

piedra dijo...

Que mal lo del paraguas. Y luego creo que seria ofensivo aconsejarte que cantes bajo la lluvia.

singing in the rain.

¿o the train?

La Hija del Capitán dijo...

O the rain in the train?
Cómo era? Me perdí