jueves, 8 de marzo de 2012

Ser Mujer



Durante siglos (varios cientos de siglos) nos dijeron que no teníamos voz, que no servíamos, que no teníamos fuerza, que debíamos obedecer.

Durante siglos (demasiados siglos) el miedo nos ganó el alma y “dejamos” que fuera así.

Pero el miedo no es una criatura inmóvil, busca obtener más, devorarlo todo, controlar.

Y cuando eso pasa, cuando nos aterrorizan para no dejarnos ser, se va juntando por dentro una fuerza incontrolable que o bien se queda adentro y nos auto destruye o sale y transforma en motor de lucha, en furia guerrera.

Ese motor incansable, esa energía imparable es la que ha movido siempre a ciento de miles de mujeres que jamás se han querido creer el cuento la princesa obediente que espera en la torre a que a algún valiente caballero se le ocurra rescatarla.

Esa fuerza, esa luz que enciende los sueños, que intenta caminos, que grita, que pelea es la misma que le da forma a la vida, que reinventa el amor y el Universo.

Ser mujer es renovar esa energía de Diosa Madre, Diosa Guerrera, Diosa Creadora que nos ha dicho, desde el comienzo de los tiempos (aunque quisieran callarla) que no es cierto que no podamos, que en nosotras está presente, siempre, el poder necesario para hacer lo que nos proponemos (o al menos intentarlo, que nos es poco).

Esa fuerza, en definitiva, que grita, y seguirá gritando, que no hay UNA sola manera de ser mujer, que cada una de nosotras puede, y tiene derecho, a vivir su cuerpo del modo que quiera, que TODAS pueden soñar el sueño que más les guste sin dar explicaciones, que es deber de TODAS luchar porque ya ninguna mujer siga creyendo que no tiene voz.

El camino es nuestro, lo hacemos nosotras del modo que más nos guste.

Sólo hay que caminar.