domingo, 12 de julio de 2009

Abeja y Trébol

1-
Hoy descubrí el aroma de la pimienta. Tenía la forma del viento de Mayo en las mañanas.
¿Te acordás cuando no entendía los aromas? ¿Aún te acordás de los días en que el sol de la tarde se agotaba en despedidas eternas bajo el árbol de tu puerta? No tengo aromas para esos días, no tengo aromas para nada, salvo un leve deslizar de algo que entonces imaginé que podían ser flores de tu jardín o el viento que llegaba desde el mar.
Soy ciega de aromas. O lo era entonces. Ahora, a veces, creo poder recordar aromas que nunca sentí. El té, sahumerios, el mate de las tardes o una siesta tardía en el patio de baldosas negras.
No tengo formas para esos aromas, puedo inventarlos a gusto, y sin embargo sé, es más que probable, casi todos tengan el cuerpo del perfume de la pimienta subiendo ahora desde mis manos.

2-
Tardes de Domingo en la galería del patio de tu casa. Eran tardes que no iban a cambiar, que seguirán iguales. Quietos los gatos sobres las sillas, hojas secas húmedas sobre las baldosas, el mate haciendo su ronda sin azúcar y muchas palabras.
Tardes que no iban a cambiar.
Y cambiaron.
Otras tardes. Otras rondas de mate. Otras palabras. Que tampoco cambiarán hasta que todo se diluya.
Y vendrán otras voces, y tal vez tenga azúcar el mate que una mano cálida me ofrezca, una tarde de lluvia ida, en la galería de otro patio, otros rincones, otros ojos.

3-
No es triste. Lo que pasa y se va ya no es triste. Estoy acá porque alguna vez tu mano sujetó la mía y luego nos soltamos. Así es el rumbo. Los ríos se juntan sólo una vez, pero nosotros no somos ríos y vamos, como la rueda del molino, girando entre aguas nuevas y ríos idos.

2 Arribos desde el último alunizaje:

principe dijo...

Que bonito que te quedo el nuevo diseño del blog.

La Hija del Capitán dijo...

Gracias!!!