domingo, 14 de agosto de 2011

La sombra en el ojo


¿A quién vas a crucificar ahora?

¿A quién vas a negar ahora el amor, el cielo?

¿A quién le tocó esta vez tu maldición de sal y cicuta?

Vas apurando el Mundo con tu lengua reseca,

vas dejando en tus huellas un reguero de sapos pestilentes.


¿A quién decidiste hoy regalarle tu hiel?

¿A quién vas a escupirle el plato rancio de tu ración?

Alimaña de colmillos estriados,

te veo erguir montículos de mierda como palacios,

e inclinas las sombras para no verte en los charcos.


Estás buscando corazones que devorar

y se te desintegran los dientes;

estás buscando manos que atar

y la soga se te enreda en el cuello, tu cuello;

estás buscando un cuerpo que destrozar

y sólo te queda el espejo.


¿A quién le implantarás el fracaso hostil de tu mentira?

¿A quién intentarás hundir en la rabia absurda que te pudre las mieles?

¿A quién, decime, a quién vas a culpar ahora de tu derrota?

martes, 26 de julio de 2011

Frenéticos roedores de orejas largas y esponjosas

Conejitos arremolinados,

descontrolados,

inquietos,

mirones.

Conejitos revoltosos,

buscadores,

hocicadores,

sigilosos.

Conejitos orejones

al borde del acantilado.

Conejitos con un suspiro en la nariz,

con los bigotes erizados

y un murmullo entre los ojos.

Conejitos de patas largas,

de sueños psicodélicos

alucinando entre tréboles amarillos.

Conejitos,

miles de conejitos

saltando.

Conejitos rock-stars

sobre los cables de la ciudad.

Conejitos revolucionarios

de mirada fugitiva

enamorados de la Liebre de Marzo.

Conejitos, conejitos, conejitos

multitud de frenéticos conejitos

en tus sueños.


sábado, 23 de julio de 2011

La Niña de Ojos Blancos

Desperté por la tarde con los restos de un mal día rondándome el paladar. Sabía que debía incorporarme pera no quería, partes de un sueño impreciso orbitaban mis sentidos, abandonar la horizontalidad significaba perder por completo esas imágenes. Sin más opciones decidí afrontar el hecho de que debía ir a trabajar y me levanté. La habitación giró cuanto pudo a mi alrededor en cuanto me puse en pie, lo cual dificultó el hecho de desplazarme hacia la ducha. Dejé que el agua caliente corriera por mi cuerpo sin pensar demasiado en nada; me dolía la espalda pero pronto lo olvidé, incluso olvidé todo lo que me rodeaba. Apenas si tenía importancia, bajo ese calor húmedo, cierta sensación en mis manos de algo que se quiebra y se desvanece, imágenes fugaces de un sueño inconcluso enmarañadas con el agua que caía sobre mi rostro. Comencé a adormecerme de pie, un falso placer invadió mi cuerpo, las rodillas comenzaron a ceder lentamente y habría caído si un cúmulo de vapor no hubiera invadido mis fosas nasales provocándome un acceso de tos. Alcancé a sostenerme bruscamente del grifo de la ducha infligiéndome un corte en la palma de la mano; un tanto agitado cerré la ducha y me senté en el borde de la tina, con los pies sobre los fríos azulejos del suelo. En mi mente oscilaba impaciente la figura de unos ojos pequeños, infantiles, completamente blancos ¿eran parte del sueño que había estado intentando recordar? De pronto comencé a temblar y me di cuenta de que aún estaba desnudo y mojado, la mano me sangraba y me ardía a causa de la herida. Intentando reponerme me puse trabajosamente en pie, me sequé rápidamente y me vestí. Poco a poco me fui convenciendo de que todo estaba en orden, tomé mi cámara fotográfica, el bolso y salí del departamento rumbo al estudio donde trabajaba.

El roce con la multitud me agradaba, era mi refugio en ese entonces; el constante desplazamiento de los automóviles, el ruido, los empujones y hasta el smog, todo aquello constituía el fundamento de mis días, por lo que decidí caminar. Diez cuadras antes de llegar pasó corriendo un hombre dándome un fuerte empujón a causa del cual dejé caer una carpeta provocando un gran desparramo de fotos. Me agaché a recoger una que había quedado más alejada de las demás, la tomé y detuve la mirada en las líneas rectas de la ciudad retratada por pocos días atrás. Repentinamente, fuera de la fotografía, unos pequeños pies cubiertos por zapatos blancos, reclamaron mi atención: frente a mí se hallaba de pie una niña completamente vestida de gris, con el cabello castaño cayéndole lacio sobre los hombros. Algo en ella me inquietó, intenté ponerme de pie pero no pude La niña fijaba en mí una sombría mirada de ojos blancos, muda e inmóvil, sólo insistía en el “vacío” níveo de sus pupilas sobre mi mente. Comencé a sentir una cierta impresión de algo que se quiebra y se pierde. Un frío adormecimiento se apoderó de mi cuerpo. Súbitamente sentí un leve golpe en la espalda y una voz lejana llamándome, me puse en pie buscando con la vista a mi alrededor, la niña había desaparecido. Me quedé paralizado, las sienes me latían con insistencia, un fuerte temblor me invadió el cuerpo. Pasó un largo tiempo hasta que me pude poner en marcha, apenas recuerdo cómo fue que logré llegar hasta el estudio, sólo sé que avancé tambaleándome.

Ya en el estudio comencé a revelar varios trabajos que debía entregar. Ni bien comenzaron a aparecer las imágenes sobre el papel, me sobresalté, en lugar de una esbelta modelo, surgió el cuerpo frágil y diminuto de una niña, desperado comprobé que en todas las fotografías surgían esos infantiles ojos pálidos. Después todo se aceleró, salí corriendo a la calle y anduve durante horas sin rumbo fijo, atormentado, con aquella mirada sobre mí. De pronto la vi, estaba de pie “llamándome” con mil voces mudas, la tomé fuertemente por el cuello apretando con furia hasta quebrar sus huesos y ya no vi más

Desperté en esta sala vacía, completamente inmóvil, y a pesar de lo que digan sé que Ella no murió y ahora mismo está aquí, hurgando en mis entrañas, torturándome con el frío de sus ojos blancos.

domingo, 5 de junio de 2011

Sangre y Yo

1-
Si digo ahora que duele, que el interior de mis venas está perdiendo algo y no es la sangre ¿Cómo lograría que lo entiendas? ¿Cómo explicar que no voy a morir aunque se desarmen mis huesos? ¿Cómo intentar que veas que ya no estoy?

2-
Me rescato de mí, del fuego inconcluso en que incinero los desueños. No voy a morir, ya te lo dije. Aunque veas mis restos erguirse como una montaña de huesos resplandecientes, no voy a morir. Ves mis venas transparentar la herida y crees que desisto, lo sé, pero aún persisto, ya lo ves.

3-
Y me deshago en el viento, devengo en oruga, te inquieto en las mañanas. Y ves, sigo andando. Aunque no lo creas

lunes, 2 de mayo de 2011

El Corazón de una muerta

-Pensando en Alejandra Pizarnik en el día de su cumpleaños. -
-No es para ella pero pienso en ella-


La reina solitaria de un paraíso abandonado,
un bichito de luz iluminando
desmesurados campos nocturnos.

El vacío del miedo o el miedo al vacío.

Sufrir como escriba tísico victoriano
dejando migajas de un dolor bien macerado.

Diosa pagana de la desolación
descreyendo de su propio culto.

¿Quién diseño tu corona de púas de cristal?

Niña,
niñita intranquila,
buscando un miedo para cargar.

Y quedar varada,
como una sirena esperpéntica,
entre la tragedia y la banalidad.

Pobre reinita
(sola princesita)
desgranando el espejo,
comiéndose los codos por tener una pena,
destejiéndole swters al viento.

sábado, 23 de abril de 2011

Poemas huecos en una noche insomne (como bien manda el oficio)

1- No hay nadie al otro lado del verso roto; el poema es tan sólo un espejo sin reflejos. Un cuerpo ausente, una imagen silenciosa, una invención.

2- Cada sintagma miente; es la forma y su contrario, un hueco en la realidad de la materia. La no existencia del poema.

3- Sin voz (vos). No existe esa voz, ese ruido inclinado en la escritura, ese viento que migra versos al nido del poeta ausente.

4- Destino. Destinatario. Destinado. Una cadena de pretensiones poéticas desandándome, desgranándome las voces que aún no diré.

5- Un silogismo poético muere ante el espejo. El vacío multiplicado ¿puede ser infinito? Infinitamente vacío ¿puede haber un vacío aún más vacío? Estas palabras son huecas.

6- Un eco en el poema, rebotan las palabras contra el filo hiriente del verso, se caen, no atinan a pronunciarse. Simplemente, no son.

7- Puedo llenar vacíos gramaticales con el vuelo perpetuo de una ilusión, crear un espejismo sintáctico y no decir nada.

8- Oradores sintagmáticos. Narradoras verbales. Formas y contra formas de la poética estática. Un muro de palabras casi móviles, casi despiertas, casi nada.

9- Narrativas incontenidas, desmedidas, incomprendidas. Cuerpo gramatical sin caricias, sin amparo de una noche de poetas, sin el borde de sabana de todo verso.

10- Versículo vertical vertido en vaso vítreo. Cacofonía inmunda devoradora de realidades.

11- Se desdobla la métrica, la falsa rima del busca/encuentro, la parábola hipócrita del literato muñeco de trapo, lengua empastada, buscando en la noche el beso de ajenjo.

12- Intento desdecirme. Esta noche (como bien manda el oficio) procuro abandonar toda trama de coherencia rítmica/métrica/poética. En esta hora de insomnio (como bien declama el oficio) voy a rebatirme todos los argumentos. Y voy a perder.

13- Declaro. Escupo. Disperso. Esgrimo una evidencia sintagmática, gramática, poco poética. Me inclino por el lado mordido del verso sin camino. Olvido lo que iba a desmentirme.

14- Una letra, un átomo gramatical, un pobre insecto del habla. Un punto sin sucesión.

15- Me rindo ante la evidencia del final de la página. Nos quedamos sin contención, el verso y yo, y ante nuestras extremidades se extiende el abismo de lo que no diremos. Escribir es mentir diciendo algo parecido a la verdad.

sábado, 16 de abril de 2011

Mandarina



-1-
Ácida
dulce
frio
móvil
circular…
Jugo impaciente
saltando sobre mi lengua.

-2-

Gajo casi dos,
pequeño embrión entre dos jugos,
ínfima delicia
desintegrándose en filamentos ácidos.

-3-

Adivino tu aroma,
sé que sigue en la sima de mis dedos
cuando ya no estás.
Es un olor pequeñito
para absorber con las manos bien pegadas al rostro.
Perfume de mil gotas ambarinas
bajo la lengua.

-4-

Ausencia,
y aun los fantasmas
de un sabor lejano.

-5-

Y se fue tu presencia
de dulce ninfa del Invierno
Alguien,
lejos
(muy lejos)
dibujará los contornos de tus flores
y una lluvia
(también lejana)
besará las manos
que te desgajan.